sábado, 12 de junio de 2010

las varices de un enero en capital


detesto la positividad del sol matinal en un dia postnarconuclear.
no quiero compartir la vereda con ningun ser pretendiente exigente de encontrar que hay debajo de mis gafas.
el no despertar porque aun ya levantada del timbre de entrada al colegio vecino, eriza mis retinas irritadas; del cansancio, de las palabras, del sol que se filtra por la persiana. las chicharras que gritan al esplendor del calor. calcina mi cerebro con la agudez de su canto.
lo detestable de mi intolerancia reflota con la boca seca y pastosa que alcanza la hora.
el tacto sin sentido, efervecente la sangre, acalora mi cuerpo, poniendo en evidencia mi sexo.
me retuerso al no concebir el sueño, los penares y pensares que no dejan de virar.
comienzo desde el final de veinticinco a contar para mantenerme al margen del uno, y ahi caer en el esperado descansar.

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